La economía del Bien Común
-Christian Felber-
vía @gallas73
Para mil londinenses ha sido suficiente pagar una cuota anual de 25 libras y comprometerse a cuatro horas de trabajo al mes para convertise en dueños de su propio supermercado sostenible. De momento no se puede decir que el proyecto es rentable pero sí posible. Mientras espera obtener los beneficios que garanticen su existencia, la cooperativa The People´s Supermarket demuestra que el poder de la gente supera todas las trabas que dinero y política han puesto en su camino.
En El cliente es el dueño en The People’s Supermarket, en Yorokobu.
Y como dice la canción “nadie pasó, nadié lloró”
Hace 4 días, colgué un post Vecinos: lo privado, lo público Ayer en relación al mismo proyecto, desde #hondartzan me mandaron esto:
Durante la primera parte contamos con Peru, Nora y Marisa , creador*s del proyecto “Gernika nº 1 Espacio Comunitario” , que tiene como fin investigar los beneficios de la utilización de recursos artísticos en el ámbito de las comunidades de vecinos para fomentar el conocimiento mutuo y desarrollar aspectos comunitarios de interrelación cultural, social o lingüística y que propusieron en su misma comunidad de vecin*s en Amorebieta.
Nos contaron la filosofía del proyecto así como el desarrollo de las diferentes actividades que tuvieron lugar entre septiembre y noviembre del 2011. Y como dice la canción de Pedro Navaja de Rubén Blades, “nadie pasó, nadié lloró”, desde el cinema a la fresca en la terraza de 120 mtrs del edificio, hasta la chocolotada o los talleres de danza, teatro…etc. Nadie!! , ninguna participación además de recibir un post it en su buzón que rezaba así “Esto es una comunidad de vecinos, no es un puto taller”
Me sorprendió, pero en realidad ¿es sorprendente?
Lo veo y pienso… ¿Cómo nos afectamos un@s a otr@s?
Installation by Chiharu Shiota
Sin duda se llevan más o mejor fama tienen las comunidades virtuales, las redes de personas con algún tipo de afinidad, a gran escala, las redes sociales.
Los hombres no tienen miedo de las cosas, sino de cómo las ven
Crecemos creyendo que lo que mas cuenta en nuestras vidas es lo que va a ocurrir en el futuro. Los padres enseñan a sus hijos que si aprenden buenas costumbres ahora, cuando sean adultos la vida les irá mejor. Los maestros aseguran a sus alumnos que estas aburridas clases van a serles beneficiosas más adelante, cuando los estudiantes estén buscando trabajo.
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Y al final de la larga lucha por avanzar, llegan los años dorados del retiro.
Nosotros siempre estamos luchando por vivir –solía decir Ralph Waldo Emerson-, pero nunca vivimos.
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Desde luego el énfasis en posponer la gratificación es, hasta cierto punto, inevitable. Como Freud y muchos otros antes y después de él han afirmado, la civilización se construye sobre la represión de los deseos individuales. Sería imposible mantener cualquier tipo de orden social, cualquier división compleja del trabajo, a menos que los miembros de la sociedad fuesen obligados a aprender los hábitos y las habilidades que la cultura requería, les gustase o no a los individuos. La socialización, o la transformación de un organismo humano en persona que funciona con éxito en un sistema social en particular, no puede evitarse. La esencia de la socialización es hacer depender a las personas de los controles sociales, hacerlos responder de forma predecible a las recompensas y a los castigos. Y la forma mas efectiva de socialización se consigue cuando las personas se identifican tan profundamente con el orden social que no pueden imaginarse a sí mismos rompiendo alguna de sus reglas.
Al hacernos trabajar para sus objetivos, la sociedad se ayuda mediante poderosos aliados: nuestras necesidades biológicas y nuestro condicionamiento genético. Por ejemplo, todos los controles sociales se basan en último término en una amenaza al instinto de supervivencia.
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Cuando no utilizan el dolor, los sistemas sociales utilizan el placer para inducir a aceptar las normas. La “buena vida” prometida como recompensa a una vida dedicada al trabajo y al cumplimiento de la ley se construye gracias a los deseos que contiene nuestro programa genético. Prácticamente todos los deseos se han convertido en parte de la naturaleza humana, desde la sexualidad a la agresión, desde el deseo de seguridad a la receptividad al cambio, han sido utilizados como fuente de control social por los políticos, las iglesias, las empresas y los publicistas.
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El problema es que recientemente se ha convertido en una moda creer que, sintamos lo que sintamos dentro, se trata de la verdadera voz de la naturaleza hablándonos. La única autoridad en la que creen muchas personas hoy en día es el instinto. Si algo parece bueno y es natura y espontáneo, entonces es bueno. Pero cuando seguimos las sugerencias de la genética y las instrucciones sociales sin cuestionarlas, abandonamos el control de la conciencia y nos convertimos en juguetes sin poder en manos de fuerzas impersonales.
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Una persona totalmente socializada es la que desea solo las recompensas que aquellos que la rodean han decidido que debe desear (recompensas que a menudo se apoyan en los deseos genéticamente programados). Puede encontrarse con miles de experiencias que potencialmente podrían llenarle, pero no se da cuenta porque no son las cosas que desea.
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La solución es liberarse de forma gradual de las recompensas de la sociedad y aprender cómo sustituirlas por recompensas que estén bajo el poder propio de uno. Esto no significa que debamos abandonar todos los objetivos que nos propone la sociedad; significa que además o en lugar de los objetivos con los que otros nos seducen, debemos desarrollar unos objetivos propios.
El paso más importante para emanciparse de los controles sociales es la habilidad de encontrar recompensas en los acontecimientos de cada momento. Si una persona aprende a disfrutar y a encontrar significado en la corriente incesante de experiencias, en el propio proceso de vivir por sí misma, el peso de los controles sociales cae automáticamente de nuestros hombros. El poder regresa a la persona cuando las recompensas dejan de estar delegadas a fuerzas exteriores a ella misma.
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Mientras obedezcamos los habitos de estímulo-respuesta socialmente condicionados que utilizan nuestras inclinaciones biológicas, estaremos controlados por el exterior.
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Los hombres no tienen miedo de las cosas, sino de cómo las ven.
Epicteto
-Flow- Mihaly Csikszentmihalyi
Se ven de otro modo: como puntos de paso en una conversación general, que capturan al vuelo, a la que se incorporan, hecha de segmentos que interrumpen y vuelven a lanzar.
+ info:
“El artista ya no puede aspirar a ser la conciencia general de la especie”
vía @ricardo_AMASTE


