Ya casi sin luz, se van a dormir, felices, como sólo los animales pueden serlo, porque para ellos no existe nada pasado ni futuro que enturbie el momento. Es felicidad sin dudas, alegría sin peros, luz sin sombra. Incluso la doctora se ha contagiado del estado de la manada y ha conseguido olvidarse de sus preocupaciones, o sea, de todo, porque últimamente todo lo que piensa le preocupa. Don Severino, en cambio, no ha necesitado contagiarse porque al lado de la doctora es feliz como un perro.
-El viaje íntimo de la locura-
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