-La doctora se va animando, pero no quiere ser la única que hable-. Pero, en fin, no podemos cambiar el mundo. ¿No cree?

-Se equivoca. Claro que puede –contesta don Severino.

-La verdad es que no veo cómo.

-Usted forma parte del mundo.

-¿Qué quiere decir, que soy yo la que tengo que cambiar? ¡Qué me está diciendo!

-Estoy diciendo que el mundo sólo puede cambiar desde dentro hacia fuera.

 La doctora está empezando a mosquearse.

-No comprendo. ¿Qué es, una adivinanza?

-No. Es pura matemática: si se altera uno solo de los componentes de un conjunto, el resultante ya no es el mismo, es distinto, es otro. Si usted cambia, sólo con eso, el mundo ya será diferente.

Don Severino no le está recriminando nada; él se lo explica para que lo entienda, pero la doctora se empeña en sacarle punta.

-Ya sé por dónde va. Lo próximo que me dirá es que yo también consumo y ensucio, y que, como dependo del sistema, soy parte de él. ¿Qué tendría que hacer, vivir igual que usted en medio de los simios y volver a la Edad de Piedra, unga unga? ¡No me diga eso!

A don Severino le entra la risa viéndola hacer el troglodita.

-Usted dijo que quería cambiar el mundo y yo sólo le he dado la solución.

…..

_R. Iniesta_

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